domingo, 19 de junio de 2011

UN POSTE EN LA OSCURIDAD

En medio de aquella penumbra maciza, no tuve impedimento para acertar mi acostumbrado saludo al paso, dándole un golpecito al poste del parquímetro que marcaba los escasos 27 metros que me faltaban para llegar a la esquina de mi casa.
Las tinieblas que inutilizaban mi visión, no limitaban mi conciencia sobre los pasos recorridos y los que aun me faltaban por andar.
¡Pum!
Y el poste estaba allí, leal, puntual, receptivo a la caricia de mi mano cóncava que besaba su circunferencia fiel,
aunque, por su metálica naturaleza, fría.
© Enzo Pittari
Venezuela

2 comentarios:

Luisa Hurtado González dijo...

Menuda noche, menuda borrachera. Y qué pesada la oscuridad y qué duro el bendito poste, ¿o no?
(perdon, pero tu micro me hizo sonreir, un poco al menos)

depropio dijo...

Yo sin ir borracho siempre me tropiezo con los mismo muebles. Imagino que no los cambio de sitio porque en las costumbres uno encuentra seguridad.

Gracias por participar.