Decidió nadar a pesar de que el agua estaba fría. Las plantas acuáticas se enredaron en sus brazos, pero logró abrirse paso entre ellas. El roce de los tallos y hojas lánguidas le asqueaba. Exhausto, sacó la cabeza entre los jacintos florecidos y alcanzó la orilla.
Escurrió el agua de sus ojos y se acostó en la enorme roca gris. Amenazante y cercana, la criatura le observaba.
© Luis Toirac
Republica Dominicana